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	<title>Mundo Turco &#187; Personaje</title>
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		<title>Muzaffer Özak</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Jun 2009 17:49:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personaje]]></category>

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Muzaffer Ozak (1916 &#8211; 12 de febrero de 1985) fue uno de los jeques de la cabeza Halveti-Jerrahi orden de los derviches, una orden sufí musulmán tradicional (Tarika) de Estambul (Turquía). En los países occidentales es muy conocida debido a sus visitas a Europa y los Estados Unidos de América donde se celebra pública dhikrs [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><img class="aligncenter size-full wp-image-1236" title="muzafferozak" src="http://www.excursionestambul.com/wp-content/uploads/2009/05/muzafferozak.jpg" alt="muzafferozak" width="590" height="720" /></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;">Muzaffer Ozak (1916 &#8211; 12 de febrero de 1985) fue uno de los jeques de la cabeza Halveti-Jerrahi orden de los derviches, una orden sufí musulmán tradicional (Tarika) de Estambul (Turquía). En los países occidentales es muy conocida debido a sus visitas a Europa y los Estados Unidos de América donde se celebra pública dhikrs (recuerdo de Dios, en turco &#8220;zikrullah&#8221;) con sus derviches. También es muy conocido en Turquía por su &#8220;ilahis&#8221;, himnos religiosos sufíes. El Nur Ashki Jerrahi Sufi Orden en la ciudad de Nueva York es el nombre de él.<br />
</span></p>
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		<title>Heródoto de Halicarnaso</title>
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		<pubDate>Sun, 31 May 2009 20:18:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personaje]]></category>

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Heródoto nació en Halicarnaso (Turquía) alrededor del 484 a.C., aunque su fecha de nacimiento se pone en duda por diversos autores, que la suben o la bajan en función de la cronología que utilicen. Lo cierto es que vive en los años finales de las denominadas Guerras Médicas. Su ciudad de nacimiento, Halicarnaso, tenía una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-850" title="mapaherodoto" src="http://www.excursionestambul.com/wp-content/uploads/2009/05/mapaherodoto.jpg" alt="mapaherodoto" width="590" height="402" /></p>
<p style="text-align: justify;">Heródoto nació en Halicarnaso (Turquía) alrededor del 484 a.C., aunque su fecha de nacimiento se pone en duda por diversos autores, que la suben o la bajan en función de la cronología que utilicen. Lo cierto es que vive en los años finales de las denominadas Guerras Médicas. Su ciudad de nacimiento, Halicarnaso, tenía una historia importante, no tan impresionante como Mileto o Éfeso, pero su reina Artemisa había ayudado a Jerjes.<span id="more-462"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Herodoto, pese a sus inexactitudes, es reconocido, sin discusión, como el padre de la Historia. Heródoto da comienzo a un estadio específico de la Historiografía de Grecia. Ya en la Antigüedad fue denominado “Padre de la Historia”, que no significaba despreciar a autores como Heládico.</p>
<p style="text-align: justify;">Heródoto y su familia estaban vinculados a la oposición antitiránica, la consecuencia de esta vinculación fue el exilio. A la edad de 20 años tiene que trasladarse a Samos, uno de los grandes centros de la cultura griega, y una de las ciudades mas destacadas de la Liga Délica, completamente dominada por la Atenas del siglo V a.C. Samos como prueba de su semindependencia conservaba su propia flota.</p>
<p style="text-align: justify;">Samos conservaba el esplendor alcanzado durante la Tiranía de Policrates cuando llega Heródoto, las obras de los tiranos la hacían mas impresionante que la propia Atenas muy dañada por las Guerras Médicas.</p>
<p style="text-align: justify;">Su estancia en Samos es muy importante para su obra. La lengua materna de Heródoto era la doria, pero también conocía el dialecto jonio, que le enseño su tío que era poeta. Y el jonio era la lengua de los poetas. En Samos perfecciono el jonio.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante el resto de su vida se puede ver el desprecio que tenía por los jonios, excepto por los habitantes de Samos, aunque con sus obras eleva la prosa jonia al máximo.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras la muerte de Heródoto la prosa histórica empieza a ser escrita en ático, aunque el jonio se mantenga en la obra poética.</p>
<p style="text-align: justify;">Después se traslada a Atenas que durante el siglo V a.C. se transforma en el centro del Mediterráneo, como capital de la Liga Délica.</p>
<p style="text-align: justify;">La importancia que adquiere la ciudad hace que a ella se trasladen multitud de intelectuales. Atenas unifica una emigración que va llegando a la ciudad porque</p>
<p>1.Era una ciudad de gran riqueza<br />
2.Controlaba mas de 200 ciudades del Egeo<br />
3.Controlaba la Liga Délica<br />
4.Había conseguido la paz y la estabilidad en Mediterráneo.</p>
<p style="text-align: justify;">En el año 444 a.C. Pericles enrola a los atenienses y metecos en el proyecto de una gran política en el Mediterráneo Occidental creando la colonia de Turios, donde anteriormente estuvo Sibaris. Heródoto va a establecer su residencia en esta colonia, utiliza esta estancia como punto de partida y centro de información. Se ignora si regresó a Atenas o falleció en este lugar. Puede que regresara a Atenas cuando esta aventura se transformo en un fiasco, no como ciudad sino par los intereses de Atenas, que intentaba desde allí controlar el expansionismo de Tarento y del as ciudades aqueas de Crotona y Metaponto.</p>
<p style="text-align: justify;">La fecha de nacimiento de Heródoto está en discusión se puede afirmar que tuvo que nacer poco después de las Guerras del Peloponeso (aprox. 431 a.C.) aunque otros autores pinsan que fue sobre el 427 a.C.</p>
<p style="text-align: justify;">Por el contenido de su obra sabemos los lugares que conoció, además de Halicarnaso, Samos, Atenas o Turos estuvo en lugares griegos tópicos:</p>
<p>*Delfos</p>
<p>*Santuario de Dogona (El Épiro)</p>
<p>*Santuario de Zeus Olímpico</p>
<p>*Esparta</p>
<p>*Corinto</p>
<p>*Argos</p>
<p>*Tebas.</p>
<p style="text-align: justify;">Su cocimiento no es solo geográfico, sabe las opiniones de los nativos. En el Egeo conoce Samos y su entorno, Rhodas, Éfeso y Mileto. Posiblemente conoció los accesos al mar Negro: El Bósforo, Dardanelos, Mar de Mármara y Troya. Existe una duda razonable sobre su conocimiento del Mar Negro, aunque sus descripciones sobre Ucrania son muy precisas, como las de la desembocadura del Danubio y Bulgaria, podrían proceder de conversaciones con marineros. Sin embargo es muy dudoso que conociera Georgia, Crimea o el Mar de Azov.</p>
<p style="text-align: justify;">Posiblemente conoció la Magna Grecia, aunque no se refleje en su obra, centrada en las Guerras Médicas, por la poca importancia que tuvieron estas ciudades en la contienda. Pero seguramente conoció Helea (colonia de Focea), se duda si estuvo en Sicilia, aunque la curiosidad de Heródoto seguramente le llevaría a conocer ciudades como Siracusa. No debió llegar a la costa de Marsella.</p>
<p style="text-align: justify;">En cuanto a África, no conocía Cartago, aunque ya era una ciudad importante, si estuvo en Cirene y en la Cirenaica, aunque no llegó al golfo de Sirte, pero nos relata las tradiciones locales. Egipto debió ser uno de sus primeros viajes, porque era un destino clave para el conocimiento de la época:</p>
<p style="text-align: justify;">Debió llegar a Egipto por Naucratis, puerto griego, y remonto el Nilo hasta Nubia.</p>
<p style="text-align: justify;">Conoció las pirámides, incluso midió una de ellas, la de Micerinos.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue al oasis de El Fayum, fuera de las rutas turísticas habituales de la época</p>
<p style="text-align: justify;">Sobre la crecida del Nilo habla de la teoría del deshielo de las montañas, teoría cierta, pero que el no creía.</p>
<p style="text-align: justify;">Estuvo en Tebas y sus templos</p>
<p style="text-align: justify;">Vió el Delta y las defensas frente a Cirene y los libios aunque estaban bajo dominio persa.</p>
<p style="text-align: justify;">El no habla del Egipto persa, busca el mundo de los faraones. Su estancia en Egipto le llevó a conocer la costa Sirio-palestina,
<p style="text-align: justify;">Mesopotamia, y en ella, Babilonia, pero no la Alta Mesopotamia, y entre sus ciudades Ninive. En Anatolia conoció Sardes, Frigia, Lidia, Licia y también llegó a conocer algunos centros persas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Heródoto fue un gran viajero, muchos de sus conocimientos derivan de sus vivencias.Heródoto de Halicarnaso relata sus viajes:</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Procedía de la ciudad de Halicarnaso, en el Asia Menor, bárbaro por el lado paterno y heleno por el materno. Recorrió Egipto en cuatro meses. Viajó por todo el país desde la desembocadura del Nilo hasta el actual Assuán. Vió poco del antiguo esplendor. Tropas mercenarias persas de Artajerjes ocupaban el antiguo imperio faraónico. Intentó descifrar los jeroglíficos sin lograrlo. Estudió a los etruscos en Italia. Visitó repetidamente Cirene, la colonia griega en Africa, fundada por sus compatriotas de Halicarnaso. Trató de recoger en Cartago cualquier información sobre sus extendidas colonias. Hacia el año 450 a. J.C. empezó a socavar el bello ensueño etnológico heleno. A través de sus ojos, La humanidad clásica descubrió por vez primera a los pueblos exóticos.[…] La tierra era un disco rodeado por el océano, cubierto por la bóveda celeste y al que el mundo subterráneo servía de soporte. El ombligo de la tierra era Babilonia, o Memfis, o Atenas, según el observador fuera un babilonio, un egipcio o un griego. Los habitantes de la tierra se dividían en hombres, bárbaros y monstruos. Hombres eran los griegos (o los egipcios, o los babilonios), en cambio eran bárbaros los demás pueblos y, finalmente, monstruos, medio bestias, los exóticos salvajes. Todo parecía estar en perfecto orden sobre el disco terrestre y todo tenía un sitio fijo alrededor de su ombligo.</p>
<p style="text-align: justify;">La tierra murmuraban, no era, a juicio del bárbaro, del semiasiático, un disco, sino una bola -sí, exactamente una gran bola que flotaba por el cosmos. Y -¡Por Hades!- sobre esa curiosa bola vivían, además de los helenos, una serie de otros pueblos cultos, vivían bajo leyes justas y de un modo feliz, decente y nada bárbaro. El hombre de Halicarnaso decía que había visto a esa gente con sus propios ojos: en Italia y en Egipto, en Mesopotamia y junto al mar Negro. Estas afirmaciones eran exactamente una provocación; todos los capitanes helenos, todos los comerciantes de lana y vendedores de ánforas, que habían estado alguna vez en tierras bárbaras, decían exactamente lo contrario, hablaban de costumbres salvajes, excesos vergonzosos de sus habitantes, daban fe de hombres medio bestias de atezada piel, de monstruos y sátiros velludos que tenían un solo ojo. ¿Acaso los persas, los enemigos tradicionales, no eran unos bárbaros? ¿No habían atacado con fuerza salvaje Jonia, Tesalia, e incluso Atica? ¿Y los etruscos y cartagineses no eran acaso piratas de la más vil estirpe que aparecían con sus naves de presa en todos los lugares donde los colonizadores helenos fijaban sus residencias dispuestos a extender la cultura? Y, finalmente, los egipcios -claro que Atenas había firmado un tratado para defenderse de los persas-, esos hijos del infierno. Pero ¿tenían espíritu y dignidad humana aquellos poseedores de esclavos medio negros y adoradores de animales? ¿Podía compararse Egipto con la Hélade? ¿No era una desfachatez rayana en la locura establecer paralelos entre las buenas costumbres griegas y los malos usos de aquellos extranjeros salvajes? Así por ejemplo -continuó-, se dice en Egipto que el continente libio está rodeado por el océano y que se le puede dar la vuelta en barco. La gente se echó a reír, se divirtió con esta graciosa fábula. Cualquiera de los presentes, por poca geografía que supiera, sabía, naturalmente, que Libia (hoy la llamamos Africa) se unía en el sur con Asia y que el mar de Eritrea, es decir el océano Indico, era un mar interior. Se dice que los egipcios incluso han logrado demostrar su teoría y que han dado la vuelta a Libia en barco. Al regresar contaron que durante el viaje habían visto el sol de mediodía en el norte…</p>
<p style="text-align: justify;">Pasó luego a un tema que a los atenienses les era familiar: les habló de lo que había oído decir en las tabernas de marineros, en las factorías, mercados y puestos coloniales acerca de la vida de los salvajes, de los monstruos y pigmeos; entretejió las historias de navegantes y las crónicas de viajes, los protocolos sabios y las más absurdas habladurías para formar un cuadro colorido y atractivo. Un cuadro del mundo, que algunos profesores de épocas posteriores , faltos de fantasía, han interpretado equivocadamente y que veintitrés siglos más tarde fue calificado de historia subjetiva desfigurada por graves errores. Actualmente el mundo de los sabios juzga de muy otro modo al hombre e investigador Heródoto, reportero de su época que no sólo fue un recopilador de hechos, sino también un amante de la verdad, un moralista y un poeta. Los atenienses oyeron hablar de ligeros enanos de las selvas vírgenes, de pequeños habitantes de las cavernas de Libia que (”así dicen”) gorjean como murciélagos. Veían mentalmente a los velludos isedonios atravesando las estepas del mar Negro con la cabellera al viento, veían en las profundidades del Asia a los asimaspianos de un solo ojo, rodeados de grifos, junto a un río de oro puro. Se imaginaban a los hiperbóreos, seres míticos del país del viento del norte, y a los cimerios, que habitaban más allá de los montes de Ripae, en la oscuridad, allí donde jamás sale el sol…</p>
<p style="text-align: justify;">Heródoto estudia a los etruscos en Italia: […] El estudio…estuvo dedicado al pueblo pirata por excelencia, a los tan odiados conquistadores de la Italia septentrional y central, es decir, los etruscos. En aquellos días, las veloces naves de vela y de remo etruscas aparecían en todas las partes del Mediterráneo, a menudo asociadas con los cartagineses. Con sus armas de bronce maravillosamente trabajadas e incluso con espadas de un nuevo metal llamado hierro, apresaban las embarcaciones griegas venciendo a los combatientes más fuertes y blandiendo como sarcástico emblema de verdad y felicidad la enorme araña de oro, el pulpo gigante, el temible pólipo marino con el que parecían haber concertado un pacto mágico. Se decía que los etruscos llegaban comerciando y pirateando hasta más allá de las Columnas de Hércules, a mares occidentales y nórdicos totalmente desconocidos, donde había estaño para la fabricación del bronce, oro para saciar sus ansias de lujo, y ámbar para adornar los bellos cuerpos femeninos. Comerciaban a elevados precios, claro está, con marfil, piedras preciosas, y materias primas procedentes de las cuatro partes del mundo. No es de extrañar que no gozaran de las simpatías del mundo de habla griega. (Wendt)</p>
<p><strong>El Origen de los Etruscos:</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Extraño idioma: Unico entre los idiomas de la Italia prerromana, no es una lengua indioeuropea. De ahí que el sentido de los pocos textos que poseemos , aunque estén escritos con el alfabeto greco-italiota de Cuma y, por tanto, sean perfectamente legibles, siga siendo un campo de hipótesis más o menos fundadas. Sabemos que el emperador Claudio escribió una gramática y un vocabulario de la lengua etrusca, amén de una historia de este pueblo, que debió tener una literatura predominantemente oral. Todo se perdió y lo que conocemos de su historia se nos ha filtrado a través de las fuentes romanas. Su forma de hablar vive todavía en el acento toscano.</p>
<p style="text-align: justify;">Investigaciones arqueológicas: El arte de interpretar los signos del cielo, el tipo de sepultura bajo grandes túmulos y la famosa estela de Lemmo, “clamorosamente etrusca”, como ha sido definida por los estudiosos, amén de otros muchos indicios de los historiadores antiguos que aproximan a los etruscos, en parte y en determinadas situaciones, a los mitos pelasgos. Por otra parte, hay que tener presente que los etruscos se consideraban autóctonos, es decir, originarios de Italia y que ninguna huella arqueológica ha permitido demostrar su procedencia oriental, como, sin embargo, aparece evidente cuando exploramos los testimonios arqueológicos de las primeras colonias griegas y fenicias en el sur de la península. En las últimas décadas, la esploración de los estratos más profundos de los yacimientos etruscos permitió identificar en la civilización descubierta a finales del 700 en Villanova de Bolonia del conde Gozzadini la primera fase del pueblo etrusco. Casi todos los expertos están de acuerdo sobre el hecho de que los villanovianos eran autóctonos. Por eso, el gran etruscólogo Massimo Pallotino propuso abandonar la inútil investigación de los orígenes de los etruscos para centrarse en el concepto de su formación. Una propuesta más realista que, sin embargo, todavía no ha podido dar una respuesta satisfactoria al problema. La imagen de sus reuniones en los frescos de sus tumbas nos ha transmitido la sensación de una atmósfera enrarecida y recelosa, de movimientos elegantes, de un gusto refinado y ambiguo que fue, durante mucho tiempo, objeto de temor, admiración y envidia por parte de todos los pueblos antiguos. </p>
<p>(Valerio Manfredi)</p>
<p><strong>Heródoto en Cartago:</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Trescientos años antes la colonia fenicia de Cartago se había enriquecido y hecho independiente. Tenía medio millón de habitantes. Quería saber de qué regiones llegaban los negros a Cartago, qué pueblos habitaban más allá de las Columnas de Hércules (la gente hablaba de lotófagos, que se alimentaban de hojas de loto, de trogloditas y de lestrigones, devoradores de hombres); qué habían visto los cartagineses en Africa y en las islas desconocidas de la púrpura y del estaño. Publicó con todas las reservas la historia de un viaje que contaba el príncipe persa Sataspés. Su historia le pareció una mezcla de relatos cartagineses. No oyó hablar acerca de los viajes de Hannón e Himilcón, las mayores expediciones de aquellos tiempos. Tras la conquista de Cartago los romanos encontraron las crónicas de expedición que Heródoto no pudo encontrar. Una trata del descubrimiento de las Islas Canarias donde habían encontrado unas plantas colorantes que venían a sustituir a los costosos caracoles de la púrpura. “Habían exterminado” a muchos habitantes de la isla para que no se difundiera la noticia. Otra crónica trata del almirante Himilcón, habla de los viajes a la isla del estaño, del mar del Norte (posiblemente las Islas Británicas) y a las regiones atlánticas de los bancos de algas que, “como una selva son capaces de retener prisionera una embarcación”. Otra crónica era la que relataba la expedición del jefe y general supremo de Cartago, Hannón, hacia el año 500 a. J.C. Empresa de enormes dimensiones</p>
<p><strong>Naves en la Antigüedad:</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Se tiene conocimiento de embarcaciones que usaban hasta 40 remos por lado, como la que se construyó para el faraón Ptolomeo IV. El enfrentamiento más conocido entre buques a remos es la Batalla de Salamina, llevada a cabo entre los griegos comandados por Euribiades y Temístocles, disponiendo de 380 naves, y los persas comandados por Jerjes, al mando de 1,000 naves. Las velas también fueron empleadas, aunque primitivamente: las embarcaciones disponían de un sólo mástil, cuya vela se izaba únicamente con el viento a favor. Por esto los remos eran la principal propulsión. Durante el combate, la vela era doblada y el mástil colocado sobre el casco. Una de las principales herramientas en las batallas era la propia proa, que con un espolón era usada para arremeter contra las naves enemigas. Se empleó también la Manus Ferrea, antecesor del arpón (conocido como Harpago o Harpax), aplicado principalmente para el enganche de las naves enemigas y su posterior abordaje, aunque se utilizó también para el abordaje el corvus, una suerte de puente colocado entre dos naves, utilizado sobre todo por los romanos en las Guerras Púnicas (S.III a.C). Otros instrumentos del combate naval fueron el “falx”, material incendiario que era catapultado hacia el enemigo, y el conocido “fuego griego”, solución inflamable que podía ser bombeada y dirigida en la orientación deseada.</p>
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